El perrito caliente parlante (capítulo 5)

(…)

Fueron a dar un paseo para volver a casa, hablando sobre lo alucinante que era Salchicha Woman, no sin antes parar en las atracciones de la plaza del Corte Inglés. Mientras Lola y Neno patinaban en la pista de hielo y Juanita y Pedrito pescaban patos de plástico, Salchicha Woman, sin su capa, daba un tranquilo paseo y los miraba sonriente. De repente pasó algo inesperado.

Un gato callejero corrió hacia ella mientras se relamía.

– ¡Socorro! -gritó Salchicha Woman, sin que ninguno de sus amigos consiguiera escucharla.

Justo cuando el gato iba a alcanzarla, Salchicha Woman consiguió esquivarlo girando bruscamente a la derecha, metiéndose en la pista de patinaje. El gato, con una rapidez asombrosa, giró al mismo tiempo siguiéndola de cerca. El hielo hizo la persecución muy peligrosa. Salchicha Woman, que miraba hacia atrás y veía muy de cerca al gato, descubrió que podía deslizarse con mucha facilidad sobre el hielo, ya que su cuerpo era muy liso y suave. A toda velocidad iba sorteando las cuchillas de los patines de los niños, corriendo el peligro de convertirse en una salchicha hecha rodajas. Peor suerte estaba corriendo el gato, que con cada zancada que daba, notaba cómo sus patas se iban escurriendo en todas las direcciones y no paraba de dar cabezazos contra el suelo. Fue entonces cuando Salchicha Woman volvió a mirar hacia delante y se topó con la pared del fondo de la pista. Cerró fuerte los ojos, asustada. Cuando los abrió, vio a cámara lenta cómo, gracias de nuevo a su flexible cuerpo, dio una vuelta atrás por encima del gato y, éste, inevitablemente chocaba contra la pared. Cuando Salchicha Woman pudo parar y volver la mirada hacia el gato vio a mucha gente junto a él, que comprobaban si estaba bien. Mientras tanto, sonaba en el hilo musical la canción principal de la película de Frozen.

“Libre soy, libre soy
no puedo ocultarlo más
Libre soy, libre soy
libertad sin vuelta atrás.
¿Qué más da? No me importa ya
Gran tormenta habrá
El frío es parte también de mí”

Al salir de la pista de hielo vio que Lola y Neno se estaban quitando los patines.

– ¡Estás empapada! -exclamó Lola.

– Lo sé -asintió Salchicha Woman -. Un señor estaba fregando la terraza de su casa. Entonces su perro, un pastor alemán enorme, ha tirado el cubo de la fregona con su hocico y el agua ha empezado a caer a la calle. Me ha caído toda encima.

– No me lo creo -contestó Juanita mientras se ataba los cordones.

– Si te cuento lo que de verdad me ha pasado, lo creerás menos aún.

Toda la pandilla, de camino a casa, fue despidiéndose hasta el día siguiente. Cuando ya sólo quedaban los dos hermanos con la salchicha y llegando al portal, Salchicha Woman los paró en seco. Boquiabierta, nuestra heroína se quedó pasmada mirando fijamente un escaparate. Cuando Pedrito, extrañado, miró hacia el mismo sitio, vio que Salchicha Woman miraba el escaparate de la charcutería del barrio. Dentro había una salchicha bajo un letrero en el que ponía “oferta de la semana”.

– ¿Qué ocurre? -preguntó Pedrito “Cabezón”. – ¿Por qué miras esa salchicha?

Salchicha Woman notó que su corazón se aceleraba y que un montón de mariposas parecía revolotear en su barriga. Suspiró y les dijo a sus dos amigos:

– No es una salchicha cualquiera. Es una salchicha sin gluten. Creo que me he enamorado. Tenemos que sacarla de ahí. Llama al resto de la pandilla. Vamos a rescatarla.

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