Crecen las ramas

¡Avanzamos! Cuantos más conocimientos tengamos sobre nuestra ruta, más irán creciendo nuestras ramas.

Hoy nos queda claro cuál es el tercer reino de organismos vivos, los hongos. Hemos estudiado la reproducción por esporas y hemos visto los tres tipos de hongos según su nutrición. ¡Que crezcan las ramas!

Os dejo aquí la unidad para ir repasando en casa lo que queráis:

Un tweet para Greta

¡Hemos enviado este tweet a Greta!

“Thanks for taking care of environment”

“We love the way you fight for our planet. Thank you so much”

“Hi, Greta. You are a great person. I’m pretending to be like you. You are so cool”

“Hi, Greta. I love all ecosystems because of you”

“Greta, you are totally right. You should’t take decisions in the name of politicians. We have just seen one of your videos”

“Your are such a fighter! You have a great heart. From Jaen, I admire you”

“Hi. Thanks for watching our planet”

“I love your manners talking. I wish I could meet you!”

“Greta, do you think that politicians are doing anything because your fighting? I really think so”

“Please, Greta, keep on taking care of our planet and of us. I will do the same”

“I am impressed. Yo do more for environment than the most of adults”

“I promise you to look after Earth”

Nuestro tercer libro: capítulo VII

Continuación del capítulo 6

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El murmullo del agua del río entraba por la pequeña ventana que iluminaba la habitación de Pedrito. El otoño había llegado con fuerza y podía ver un manto rojizo por toda la rivera. Algunos senderistas pasaban hablando y las hojas secas crujían cuando las pisaban.

Pedrito había visto varias veces en casa un vídeo sobre cómo hacer un nudo Windsor. Primero tenía que dejar un lado más largo que el otro, pero no recordaba cuál. Por más vueltas que daba a su corbata roja, no conseguía más que ahogarse y si seguía intentándolo, la arrugaría aún más, así que decidió llamar a sus padres.

La casa en la que estaban era ya de sobra conocida por la pandilla. La piscina estaba cerrada y podían verse restos de hojarasca en el fondo. Aunque hubieran querido darse un chapuzón, no habrían podido por el frío de noviembre.

Pedrito bajó corriendo las escaleras para pedir ayuda.

– ¡No hay forma de hac…

Cuando vio a Rocío se quedó mudo. Ella ya había terminado de vestirse. Lucía un vestido, rojo como su corbata, que parecía flotar alrededor de los tobillos. Se había alisado el pelo. Un nudo, mucho más grande que el que tenía que hacer, se adueñó de su estómago.

– Estás… distin… difer… estás…

– Anda, cierra la boca que te va a entrar una mosca -respondió rápidamente Rocío.

La cara de Pedrito se camufló con el color de la corbata. Sintió una vergüenza enorme.

Neno y Joaquín, que observaban la escena desde atrás, no paraban de reír. Cuando Pedrito se giró, vio que también estaban preparados. Los tres chicos llevaban el mismo traje. Lo único distinto eran las corbatas. La de Joaquín era de un color crema, casi amarillo. La de Neno, azul celeste.

En ese mismo momento en el que Pedrito miraba a sus dos amigos como queriéndolos estrangular, Lola y Juanita bajaron juntas las escaleras que daban a los dormitorios.

Lola, con vestido del mismo color que la corbata de Joaquín. Juanita, a juego con la de Neno. Las caras de los niños, una vez más, tan rojas como el vestido de Rocío.

– ¡Vaya! -gritó Pedrito-. ¿Quién se ha puesto rojo ahora?

Las tres chicas se miraron y empezaron a reír escandalosamente.

Las familias de toda la pandilla esperaban fuera aprovechando los rayos de sol que se colaban entre las ramas de dos robles que servían de puerta al río Borosa.

– ¡Papá! ¡Que no me sale! -Pedrito estaba muy nervioso.

Cuando los padres vieron salir al grupo sacaron los teléfonos para inmortalizar el momento.

– Ahora viene lo peor. Hasta que no hagamos mil fotos, no pararan -susurró Pedrito a Rocío.

– Pues a mí me encantan las fotos -respondió ella-. No sé, creo que es una forma bonita de recordar este día para siempre.

– Sí, sí. A mí también -quiso disimular-. Si lo que digo es que…

– ¡Ja, ja, ja! Anda, tonto, que estaba de broma. Son un rollo.

– Bueno, creo que queda lo más importante, ¿verdad? -observó la madre de Rocío.

Los chicos subieron corriendo las escaleras. Una vez arriba, los tres niños entraron a la habitación de la izquierda y las niñas a la de la derecha. Dentro de esta última, Salchicha Woman esperaba sentada en una silla que Lola había cogido de una casa de muñecas.

– Estoy nerviosísima -confesó.

Las tres chicas gritaron a la vez. Estaban tan nerviosas como ella. Hacía ya tiempo que sus dos amigos especiales se habían mirado de una forma distinta a la que solían hacerlo.

– Cada vez que miro por esa ventana, me duele la barriga -dijo Salchicha Woman.

Desde arriba podía verse el pasillo que habían preparado las familias. Una alfombra de hojas se dirigía hasta un arco de ramas que servía de altar, con dos pequeñas sillas preparadas y una mesa llena de flores silvestres.

– No puedo creer que vayáis a casaros -dijo Lola, emocionada.

Unos días antes, pensando en qué vestido se pondría, estuvieron barajando la posibilidad de usar uno de una muñeca de Barbie de Juanita, pero al final lo descartaron. Finalmente se decantaron por los trajes de muñecos de Star Wars de Neno.

– Estos me gustan muchísimo -dijo entonces Salchicha Woman-. Además quedarán mejor en el sitio en el que lo haremos.

En ese momento, la madre de Pedrito y Lola avisó de que estaba todo preparado. Unos minutos después, un violín sonaba por el altavoz que habían colocado junto al altar.

Los padres de la pandilla esperaban fuera, mirando hacia la casa. Los primeros en salir por la puerta fueron Neno y Juanita. Ella cogió el brazo izquierdo de Neno para ir juntos por el pasillo de hojas custodiado por los padres. Detrás, Joaquín y Lola hacían lo mismo, aunque era él quien enlazó su brazo con el de ella. Unos metros atrás, aparecían Pedrito y Rocío.

Justo en el momento en el que todos los niños se colocaron en los lugares que ya habían ensayado, la música de violín paró, dando paso a una conocida marcha nupcial.

Salchicha Woman y Bratwurst asomaron entonces por la puerta y miraron felices a todos sus amigos. Ninguno de los dos podría haberse imaginado nunca que llegaría un día así, jurando su más sincero amor a alguien y acompañados de sus amigos, de sus hermanos.

Pedrito esperaba en el altar. Unos días antes decidieron que fuera él quien oficiara la ceremonia. Fue él el primero que vio a Salchicha Woman, hacía ya cuatro años, cuando compró un perrito en un puesto ambulante. Los nervios que Pedrito arrastraba desde hacía días, de repente se esfumaron. Las dos salchichas lo miraron. No sabían si echarse a llorar o a reír a carcajadas.

– Bueno, venga, que esto empieza -dijo Pedrito mientras su madre lo miraba negando con la cabeza, lo que hizo que su hijo rectificara y comenzara de nuevo.

– Quería decir que por fin ha llegado el día. Sabíamos que pasaríais vuestra vida juntos desde el primer día que os visteis. Estáis hechos el uno para el otro, sobre todo porque sois dos salchichas, no nos vamos a engañar.

Todos rieron, lo que hizo que Pedrito se tranquilizara aún más.

– Antes de poneros los anillos, podéis pronunciar vuestros votos. Ya sabemos que no es costumbre aquí, pero tampoco lo es casar embutidos.

De nuevo sonó una carcajada.

Bratwurst fue el primero en hablar.

– Recuerdo perfectamente el primer día que te vi. Detrás del escaparate de una charcutería pasaste y mi corazón comenzó a latir con fuerza. No puedo creer que tenga la suerte de poder verte tanto tiempo a partir de ahora. Prometo que te daré todo el amor y cariño que pueda darte. Prometo que por encima de todo te respetaré y respetaré tu libertad. Prometo cuidarte y consolarte cuando lo necesites.

Salchicha Woman tuvo que tragar saliva varias veces para no romper a llorar. Respiró hondo y comenzó a hablar.

– Prometo acompañarte hasta el fin del mundo, estar contigo pase lo que pase mientras seamos felices. Lucharemos juntos cuando haga falta, como hemos hecho hasta ahora. Vivamos juntos esta nueva aventura. Conocerte ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida.

El primero en dejar una lágrima escapar fue Neno. Su madre, que estaba justo detrás, le dio un pañuelo.

– Los anillos -dijo Pedrito.

Por el pasillo otoñal empezó a pasar Osiris. Los niños querían ponerle el disfraz de Darth Vader, pero el resto se negó. Llevaba un pequeño cojín rosa sobre la cabeza atado por debajo de la cara con un nudo. Sobre el cojín, dos anillos. Al llegar al altar, Pedrito cogió los dos anillos, los pasó sobre la cabeza de las dos salchichas y éstas las dejaron caer hasta sus cinturas.

Pedrito tosió para aclarar su voz y que la siguiente frase se escuchara bien.

– Lo que el amor ha unido, que no lo separe nadie. Yo os declaro… una pareja maravillosa.

Y las dos salchichas se abrazaron, como hizo el resto de invitados.