¡Oh, no! Gargamel ha entrado al blog

Tengo malas noticias para todos. Un malvado personaje, Gargamel, se ha hecho con la clave de acceso a nuestro blog y está haciendo trastadas.

Acabo de darme cuenta de que se ha metido en el último capítulo de “La patrulla de la lechuga verde” y se ha llevado muchas haches y ha puesto otras que no son.

NECESITO VUESTRA AYUDA. Apuntad BIEN ESCRITAS todas las palabras que encontréis que estén mal y traedlas mañana a clase, pero atención: debéis hacerlo solos.

Si conseguís apuntar al menos 5 palabras ganaréis 1 punto para completar vuestra tarjeta y así llegar a ser Ministros de palabras embrujadas.

¡Ayudadme! Pulsad el botón azul que hay debajo:

Si lo prefieres, aquí está el texto: Gargamel y las haches

“Reptile Song”

Repasamos otra familia de vertebrados con Angelina. Hoy, reptiles.

Primero una canción pegadiza:

Después hemos repasado todas las características:

Por último, hemos comprobado cuánto miden los reptiles más largos del mundo, midiendo con una cuerda su tamaño real.

Awesome!

La patrulla de la lechuga verde: capítulo 7

Continuación del capítulo 5

(…) Mientras miraba hacia arriba, Pedrito intentó escapar justo por delante de él, con tanta torpeza que cayó de bruces en el suelo. El hombre, que seguía avanzando mientras miraba hacia el cielo, tropezó con Pedrito. Aunque consiguió poner las manos en el suelo para no chocar con la cara, no pudo hacer nada para no caer en el río. Lola, que estaba muy cerca, comenzó a tirar rápidamente sobre el cuerpo del hombre tantos palos y hojas secas como pudo. Mientras tanto, varios salmones que intentaban remontar el río para desovar, trataban de dar saltos sobre la cabeza del charcutero, pero lo más que conseguían era dar coletazos en la cara del hombre. Bratwurst, que veía la escena desde el aire se soltó de Salchicha Woman para caer directamente sobre él, dio un bocado en los calzoncillos y comenzó a tirar por fuera de los pantalones del desafortunado impostor.

Parecía que lo tenían muy controlado, con lo que era un buen momento para escapar. Sin embargo, una voz detrás de ellos hizo que cambiaran de opinión. En ese momento, Salchicha Woman y Bratwurst se escondieron veloces tras la pandilla.

– ¿Qué ocurre aquí? ¿Qué está pasando? ¿Me queréis decir por qué hay un hombre en el suelo?

Quien gritaba era el padre de Neno. Todos los padres y madres de los niños estaban allí. Lo más sorprendente de todo es quién les acompañaba. La mujer del ojo cerrado que conocieron en la cabaña estaba con ellos.


El silencio más absoluto se apoderó de ese momento. No era un silencio tranquilizador, sino tenso. La pandilla tenía dos sentimientos muy distintos. Por un lado, la seguridad de que nada podría pasarles con sus padres allí. Por otro, culpabilidad porque sabían que lo que habían hecho a ese hombre no era correcto, ¡aunque él quería hacerles daño!

– ¡He preguntado que por qué hay un hombre en el suelo! -repitió el padre de Neno.

Ninguno de los niños se atrevió a contestar, no porque no tuvieran una buena excusa, sino porque no podían creer que la mujer del ojo cerrado estuviera con ellos. La mujer se dio cuenta, pero no dijo nada. Fue Juanita la que rompió el hielo y dijo las primeras palabras

– ¡Este hombre quería hacernos daño! ¡Quiere quitarnos algo!

– ¡Eso es mentira! -el charcutero gritó mientras se quitaba la hojarasca de la espalda. Los salmones al fin pudieron seguir remontando el río sin obstáculos de por medio-. ¡Fueron ellos los que me robaron a mí!

– ¿Juanjo?

La madre de Neno fue la primera en darse cuenta de quién era el hombre que se levantaba del suelo. Juanjo se sacudía los pantalones e intentaba poner todas sus ropas en orden. No quería mirar directamente a los padres porque se sentía avergonzado.

– Sí. Soy yo. Siento haber asustado a vuestros hijos, pero…

– Pero, ¿qué? Vamos a ver. ¡Alguien puede explicarnos de una vez qué es lo que está pasando aquí! -el padre de Pedrito y Lola estaba muy nervioso-. ¿Qué haces tan lejos de tu tienda?

– Vuestros hijos entraron a la charcutería hace casi un mes. De hecho hoy hace un mes. Entraron y ¡me robaron!

– ¿Es eso cierto? -preguntó la madre de Juanita a su hija.

– ¡No, mamá! Dejamos un euro sobre el mostrador para pagarle.

– ¡Me dejasteis un euro por algo que a mí me costó mil quinientos! Además, yo no os di permiso a que os llevarais…

Juanjo cortó su queja repentinamente. Los padres estaban muy confusos. Ninguno sabía qué era lo que se habían llevado. Ninguno, salvo la mujer del ojo cerrado que fue la siguiente en hablar.

– Creo que yo sé qué se llevaron.

Toda la pandilla sintió como si miles de bichos estuvieran andando por sus estómagos. Había llegado el momento de saber por qué ella estaba con sus padres.

– Creo que hablan de una salchicha -dijo muy lentamente a la vez que se quitaba una peluca y lo que parecía un disfraz. También despegó lo que parecía una pegatina de su ojo y al fin los niños vieron quién se escondía bajo todo eso.

– ¡Mamá! -gritó Lola.

Los niños estaban alucinados. La mujer de la cabaña que paseaba con Osiris sobre sus brazos era la madre de Pedrito y Lola. Por eso la gata estaba tan tranquila. Ninguno se había dado cuenta hasta ahora de que estaban allí todos los padres excepto ella. Los nervios no les dejaban pensar con claridad.

– Sí, hija. Soy yo. Nos hablabais tanto de los juegos que hacíais en el colegio que quisimos haceros uno para que vivierais una gran aventura estos días. Cuando dije que fuerais a la cascada me refería a la que hay cerca de la casa, no a ésta. Allí estaba el padre de Neno esperando. Al ver que no llegabais, nos asustamos y hemos imaginado que estabais aquí.

Todo empezaba a cobrar sentido.

– ¿A qué salchicha te refieres? -fue la madre de Juanita la que preguntó, aunque todos tenían en mente la misma pregunta.

– Ayer, en la cabaña, una salchicha que volaba habló conmigo. No os dije nada porque…

– Cariño, ¿te encuentras bien? -dijo preocupado su marido.

– Por eso mismo, para que no pensarais que estoy loca.

– ¡La salchicha que se llevaron de mi tienda no vuela! -exclamó Juanjo.

En ese momento, Salchicha Woman salió de su escondite y comenzó a flotar sobre las cabezas de todos los demás. Los padres miraban hacia arriba y se les abría la boca más y más cuanto más subía la salchicha.

– Ahora me quedo más tranquila. ¡Ahora sé que no me he vuelto loca!

– Recuerdo que una vez mis hijos me despertaron para que diera un masaje a una salchicha -dijo el padre de Lola y Pedrito, sintiéndose algo culpable por no haberles hecho caso en su día.

– ¡Digo que esa no es la salchicha que se llevaron! -repitió Juanjo.

– Creo que se refieren a mí.

– ¡Quién ha dicho eso! -la madre de Lola no paraba de mirar por todas partes, buscando a quien había dicho aquello.

– Yo.

Nadie veía nada.

– Estás camuflado, Bratwurst -dijo Salchicha Woman.

En ese momento Bratwurst apareció de la nada. Los padres no sabían si mirar a la que volaba o al que hablaba desde el suelo. La madre de Lola y Pedrito sintió que se mareaba por la impresión. Si ya le había costado dormir después de conocer a Salchicha Woman, ahora se duplicaba el problema.

Los niños explicaron a los padres cómo conocieron a Salchicha Woman y cómo encontraron a Bratwurst y se lo llevaron. Tardaron bastante tiempo en contarlo todo. Por su parte, Juanjo contó cómo compró a Bratwurst en Berlín.

– Pero, ¿por qué no hablaste con nosotros? -preguntó uno de los padres-. Nos conocemos desde siempre.

– ¿Me habríais creído? -contestó Juanjo.

– Probablemente no. Pero al menos no nos habrías dado este susto, sobre todo a los pequeños.

Juanjo pidió disculpas. Después explicó que solo tenía unas horas para mandar una foto de Bratwurst a su legítimo dueño. En caso contrario, tendría que devolver a la salchicha y todo el dinero.

– Por favor, ¡no te lleves a Bratwurst! -imploró Juanita.

– ¡Es de la pandilla! -lloraba Pedrito.

– Se me ocurre algo, Juanjo -la madre de Lola y Pedrito tenía una propuesta-. Si te parece bien podríamos mandarte una foto todos los meses y tú la reenviarías a Alemania. Además, los niños se comprometerían a llevarte a Bratwurst todas las semanas para que veas que está bien. Bratwurst siempre será tuyo.

– A mí me gustaría quedarme con ellos -rogó Bratwurst mientras comenzaban a caer las primeras gotas desde un cielo cada vez más negro.

Juanjo necesitó unos segundos antes de contestar.

– Está bien.

Todos los niños comenzaron a gritar de alegría. Los padres sonreían mientras daban las gracias a Juanjo. Por fin un final feliz de toda aquella aventura.

Pedrito fue a coger a Bratwurst para enseñarla de cerca a los padres.

– ¿Dónde estás? ¡No te camufles!

– ¡Socorro! -gritaba Bratwurst a lo lejos.

Comenzó a llover a cántaros. Todos miraron con los ojos entornados por el agua en la dirección de la que venían los gritos. Un hombre corría muy rápido en sentido contrario. Nadie sabía qué pasaba. Juanjo gritó en medio de la confusión.

– ¡Oh, no! ¡Es él!


Planning del capítulo:

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Recomendaciones de nuestros lectores

Vamos con las recomendaciones para el fin de semana. Vienen cargadas de sorpresas y con novedades asombrosas.

Comenzamos con Alejandra. Atención, porque nos trae un libro que aún no está en tiendas. Hemos tenido el honor de asistir a este estreno de “Las aventuras de Alejandra”. Su opera prima autobiográfica que no hemos podido leer entera, pero que sin duda seguiremos leyendo la semana que viene. ¡Felicidades, Alejandra!

Os animo desde aquí a todos los niños y niñas a que escribáis vuestras historias, aunque sé que algunos ya lo estáis haciendo.

“Cuentos de princesas del revés y muy actuales”. Nos encanta. Repito: nos encanta esta historia. Si has leído cuentos de la realeza en los que sus protagonistas son siempre perfectas y se enamoran de un apuesto caballero, es el momento de que conozcas a las princesas “al revés”: algunas son un poquito mentirosas o muy desordenadas y otras bastante dormilonas, pero todas tienen un enorme corazón y viven grandes aventuras junto a príncipes muy valientes y dragones muy especiales.

Gracias por compartirlo con nosotros, Gema.

La creatividad en esta clase no conoce límites. Daniela también ha traído un libro escrito por ella. Ojo, porque es su tercer libro. La semana que viene daremos cuenta de esta historia.

Daniela, no dejes nunca de crear.

Alucinante la revista “Muy interesante” que nos ha enseñado Alejandro. Dentro hay un artículo sobre cosmología. Alejandro está totalmente enganchado a estos temas. También nos ha traído un juego para pintar planetas para compartirlo con todos sus compañeros. ¡Muchas gracias, Alex!

Julia nos ha traído “María del Mar y el número de la suerte”. Luis es el vecino de Mar, es un fanfarrón y presume de las cosas que sabe hacer su perro Bobby, Mar se cansa de sus burlas: “puede que no tenga perro, pero tengo una hermana pequeña, vas a ver lo que son buenos trucos”.

Redoble de tambores para presentar el siguiente libro. No lo digo porque no lo concozcáis, sino por quién lo trae. Y es que Belén se ha convertido en una grandísima lectora. Ha descubierto el gozo de leer un gran libro y estamos muy orgullosos de ella. Papás de Belén: ¡estáis perdidos!

Isadora le ha entusiasmado. Y a nosotros nos encanta que Isadora siga entusiasmando. Gracias, Belén, por compartirlo con nosotros.

“Ciencia para niños: un viaje alucinante”. Y tan alucinante. Dentro de estas páginas se esconden cientos de curiosidades. Un libro divertido que interactúa constantemente con el lector y lo sumerge en las maravillas de la ciencia. Su principal objetivo es acercar la ciencia a los niños a través de un viaje por la ciencia y la tecnología. Se trata de un viaje en el tiempo, desde la actualidad hasta la antigüedad y, a su vez, por diferentes rincones de la tierra y por la inmensidad del universo. 

Gracias, Sara. Siempre nos traes libros que nos encantan.

Claudia quiere enseñaros “Una semana en la granja”. Un nuevo día empieza en la granja de Matías. Y rápidamente, el gallo Alberto entona su mejor “¡Quiquiriquí!” Es lunes y se anuncia una maravillosa semana.

Gracias a todos por vuestras recomendaciones. Animo a todos los que aún no habéis traído algún libro que os haya gustado a que perdáis la vergüenza. Estamos deseando escucharos.

Felices lecturas.