“Los árboles adultos cuidan de los pequeños”

Hoy celebramos el Día mundial del medio ambiente. En el primer trimestre, en el mes de noviembre, la madre de María me envió esta preciosa entrevista a Peter Wohlleben, ingeniero forestal alemán y experto en bosques y árboles. Qué mejor día para compartirlo con vosotros que hoy.
Concienciar desde casa y desde el colegio a los niños sobre la importancia del cuidado del nuestro entorno es vital. En nuestras manos está no deteriorar aún más el planeta de lo que ya lo hemos hecho. La edad de la Tierra es abrumadora: 4.470 millones de años. Nosotros, en sólo los últimos 200 años no hemos parado de maltratarla.

Aquí tenéis la entrevista a Wohlleben:

¿Los árboles son seres sociales?

Están conectados a través de las raíces, y pueden distinguir las raíces de otras especies e, incluso, de los diferentes ejemplares de su misma especie. Un bosque es un superorganismo, como un hormiguero.

¿Juntos funcionan mejor?

Sí, porque juntos crean un clima local equilibrado. Cada árbol es importante para la comunidad y el bosque actúa en consecuencia: a los ejemplares enfermos el resto les proporciona los nutrientes necesarios para que sanen.

Creía que competían.

Pueden competir ferozmente con otras especies, pero también entablar amistad y vigilar que ninguna rama demasiado gruesa crezca en dirección del otro. Los árboles igualan sus debilidades y sus fuerzas. A través de las raíces tiene lugar un intercambio activo. El que tiene mucho cede y el que tiene poco recibe ayuda.

En esos bosques espesos, ¿cómo pueden crecer los pequeños arbolitos?

A través de las raíces sus madres entran en contacto con ellos y les proporcionan azúcar y otros nutrientes. Podría decirse que los árboles bebé son amamantados.

Increíble.

Los adultos forman ese espeso techo sobre el bosque y sólo dejan pasar un tres por ciento de luz para que los pequeños no crezcan demasiado rápido, es lo que los expertos forestales desde hace generaciones llaman educación.

¡Educación!

El crecimiento lento es condición para que luego se alcance una edad avanzada. La ciencia ya no discute la capacidad de los árboles para aprender, queda por resolver dónde almacenan lo aprendido y cómo lo rescatan.

Muchos botánicos sostienen que en las puntas de las raíces tienen estructuras similares al cerebro. De hecho sabemos que los árboles tienen memoria, son capaces de registrar y distinguir las temperaturas en ascenso de la primavera de las que están en descenso durante otoño.

Sólo les falta hablar…

A su manera también lo hacen. Mediante sustancias odoríferas se comunican. Cuando se aproxima un peligro, la acacia avisa a sus congéneres emitiendo etileno, un gas de aviso.

¿Y qué hacen con la información?

Sueltan sustancias tóxicas para prepararse. También envían avisos mediante señales eléctricas a través de las raíces y de las redes de hongos, que son como nuestro sistema nervioso.

¿También lo hacen las hortalizas?

Por desgracia nuestras plantas de cultivo han perdido la capacidad de comunicarse. Son mudas y sordas, y por tanto muy vulnerables a los insectos.

Los árboles, ¿sufren cuando pasan sed?

Gritan. Según investigaciones del centro de ­investigación confederado de los bosques de Suiza que registraron los tonos de ultraso­nidos, los árboles emiten determinadas vibraciones cuando el agua escasea.

Y los árboles de ciudad, ¿se comunican?

Igual que en las plantaciones forestales, debido a la poda y plantación las raíces quedan dañadas para siempre y ya no pueden formar una red. Se comportan como niños de la calle. Básicamente les falta el bosque, la comunidad, la educación: nadie que les castigue si crecen demasiado deprisa o torcidos privándoles de luz.

¿No es partidario de la poda?

Si se retira una gran parte de las ramas se reduce la fotosíntesis y en consecuencia una gran parte de las raíces mueren de hambre, en esas zonas muertas penetran los hongos.

Pensábamos que saneaba a los árboles…

Hemos estado considerando y tratando la naturaleza como si fuera una máquina, pero en un puñado de tierra del bosque hay más seres vivos que seres humanos sobre la Tierra.

Usted trabajó durante veinte años al servicio de la Comisión Forestal de su país.

Sí, mi trabajo consistía en gestionar bosques como si fueran madera, con los años empecé a mirar de otra manera. Hoy estoy convencido de que existe una comunidad de bosque en el que cada ser vivo tiene su papel.

Ha colaborado con biólogos de la Universidad RWTH de Aquisgrán.

Todo lo que le cuento no es una chifladura, se basa en investigaciones científicas realizadas también por la Universidad de Aquisgrán, la Columbia Británica y la Sociedad Max Planck. Y todas esas investigaciones apuntan a que nuestra gestión de los bosques es muy errónea.

¿Por ejemplo?

Los estudios afirman que los árboles viejos son mucho más productivos que los jóvenes, e importantes aliados en el tema del cambio climático, así que revitalizar los bosques es un error.

Hay que dejar que los bosques envejezcan.

Sí, necesitamos más bosques salvajes, dejar que los árboles crezcan con el espacio intermedio que ellos eligen. Y no hay que temer a la maleza, en las reservas en las que hace 100 años los humanos no hemos intervenido la densa sombra y la hojarasca impide el crecimiento de hierbas y matojos.

Dicen que el aire de bosque es salud.

Además de filtrar el aire los árboles desprenden sustancias, pero no son las mismas en una vieja reserva forestal que en una plantación artificial. Con la hojarasca se transportan hasta el mar a través de ríos ácidos que estimulan el crecimiento del plancton, el primer y más importante eslabón de la cadena alimentaria.

Un día inolvidable

Estamos muy acostumbrados al ruido, prisas y contaminación de la ciudad. Por eso, cuando pasamos un día lejos de ella, la recompensa vital es enorme. Hoy la hemos disfrutado y exprimido.

Se han hecho cuatro grupos, que iban rotando por cuatro espacios distintos. Dos de los talleres se hacían dentro del Centro de Educación Ambiental “El Acebuche”. En uno de ellos, han aprendido la importancia del reciclaje (nos han contado lo que sufren las tortugas marinas, como si hubieran leído nuestro último capítulo), y como reutilizar objetos que ya no usamos.

Mientras, otro grupo aprendía cómo diferenciar los productos de la huerta, veían en un terrario a las lombrices trabajando, se acercan a las gallinas y daban de comer a una gran tortuga que vive en el estanque.

Los otros dos grupos estaban cerca del embalse de Garcíez, a unos minutos de allí. Les esperaban dos actividades. Por un lado, con un telescopio y con prismáticos han podido participar en un avistamiento de aves (aunque hoy han decidido irse a dar un paseo y algunos sólo han podido ver a una cigüeña y a unos patitos escondidos entre la maleza).

Por otro lado, les han explicado la diferencia que hay entre todos los tipos de suelo que podemos encontrar en nuestras sierras y cómo, cuando tiene gran material orgánico, la tierra sube (mezclándola en un experimento con agua oxigenada) como si fuera un bizcocho al echar levadura.

Una vez hemos merendado y todos los grupos han pasado por todos los rincones, nos hemos ido al cerro de Santa Ana para comer y “descansar” un rato para después dar un paseo por un bosque que, como si fuera un jardín botánico, tenía indicaciones de todas las especies, animales y vegetales, que allí habitan.

En definitiva, ha sido un día precioso. Llevábamos mucho tiempo queriendo hacer una excursión y por fin ¡el tiempo nos ha dejado!

Recycling

En bilingüismo han aprendido los cuatro tipos de basuras que hay (organic, glass, plastic and paper). Después, por equipos han ido escogiendo palabras en inglés que había en la pizarra, dependiendo del grupo que les hubiera tocado a cada uno, para escribirlas y dibujarlas en esas cartulinas. La semana que viene enseñaremos el resultado.

El perrito caliente parlante (capítulo 11)

Desde que los amigos de la pandilla ayudaron a apagar el incendio del supermercado, no había pasado ni un día en el que no se hablara del tema en clase. Al fin y al cabo, no en todos los colegios había un grupo de héroes tan jóvenes. Mientras tanto, las familias de Pedrito y Lola, Neno y Juanita habían estado hablando sobre hacer un pequeño viaje juntos. Los chicos se lo habían dicho a Salchicha Woman y a Bratwurst. Los padres seguían sin saber nada sobre la existencia de las dos salchichas. La única vez en la que intentaron decírselo fue cuando a Salchicha Woman le dio un terrible dolor de espalda e intentaron que el padre de Lola y Pedrito “Cabezón” la ayudara, pero no les creyó.

– Me parece buena idea – dijo la madre de Pedrito mientras hablaba con otra de las familias por teléfono-. Además ese puente es largo y los chicos pueden disfrutar más tiempo juntos.

– ¿Ya sabéis cuándo nos vamos? -preguntó Lola a su madre cuando colgó, que estaba nerviosa desde hacía días.

– Nos vamos a la playa. Sabemos que aún hace frío y no nos podemos bañar, pero nos vendrá bien cambiar de aires. Iremos el fin de semana que viene.

En cuanto lo supo, Lola fue corriendo a avisar a su hermano y a las dos salchichas. Salchicha Woman se puso contentísima. Nunca había visto el mar. Sólo lo conocía por lo que su tío Fideo le había contado.

Esa semana pasó muy lenta. Cuando tenemos muchas ganas de que llegue un momento esperado, el tiempo parece ir más despacio. El viernes por la mañana, a la hora del recreo, los cuatro niños estuvieron hablando sobre qué llevarse para jugar, aunque estando juntos no necesitarían nada más.

Salieron de clase y cuando terminaron de comer subieron al coche.

– ¡Playa! -gritaba Neno, que llevaba dos noches sin dormir por los nervios.

En un par de horas habían llegado.

– Chicos, ayudad a deshacer las maletas -pidió el padre de Juanita al resto-. Cuando terminéis, podéis ir a dar un paseo por la playa, pero no os alejéis mucho. Sólo hasta el faro.

Juanita conocía muy bien el paseo marítimo. Veraneaban allí desde que ella recordaba. Terminaron de ordenar la ropa y cuando acabaron preguntaron si podían ayudar a hacer algo más. Como no había nada, fueron a dar su paseo.

– Tened cuidado y no paséis del faro -recordó el padre de Juanita.

Estuvieron un rato andando y hablando de cosas del cole y recordando riéndose el día en el que Osiris empujó a su dueña quedándose patas arriba. Desde que Osiris era la mascota de la pandilla habían ido a verla todas las tardes. Se la habían llevado con ellos a la playa. A su dueña no le importó y dijo que seguro que le vendría bien respirar el aire del mar. Sin embargo, desde que Osiris vio el agua de la playa, los chicos la notaban nerviosa.

– Creo que no le gusta el agua -dijo Pedrito-. A lo mejor piensa que la vamos a bañar. O quizá se acuerda del día del supermercado, cuando quedó empapada.

Salchicha Woman dijo a la pandilla que como nunca había visto el mar, iba a volar un rato sobre el agua. Estaba emocionada.

– Debe ser una pasada ver el agua desde arriba -comentó Neno-. Ojalá pudiéramos volar nosotros.

Al cabo de unos minutos, vieron cómo Salchicha Woman volaba a toda velocidad hacia ellos. En cuanto aterrizó sobre el hombro de Pedrito supieron que no traía buenas noticias.

– Chicos, algo malo le pasa a una tortuga -gritaba Salchicha Woman agitada.- La he visto lejos de la costa. Creo que tiene algo enredado entre sus aletas y he visto una cosa muy extraña en su boca.

– ¡Tenemos que ayudarla! -gritó Lola.

– Pero, ¿cómo? -preguntaba Juanita mientras miraba hacia el mar buscando la tortuga-. El agua está helada. No podemos ir nadando.

– Creo que lo tengo -observó pensativo Bratwurst, que se asomaba por el bolsillo de la camisa de Neno-. Usaré mis poderes camaleónicos. Intentaré cambiar mi color por el de la tortuga e iré nadando hasta ella para llevarla hasta la costa. Una vez aquí la podréis ayudar.

Llevaron a Bratwurst hasta la playa y la echaron al agua. Una vez dentro se movía como si fuera un pez. Fue siguiendo a Salchicha Woman, que iba volando buscando a la tortuga. Al llegar hasta ella, Bratwurst cambió su color. La tortuga, creyendo que la salchicha era alguien igual que ella, comenzó a seguirla, aunque con mucha dificultad. Apenas podía nadar y lo que tenía en la boca parecía ser muy incómodo para ella.

Mientras las salchichas se encargaban de rescatar a la tortuga, Juanita, que conocía muy bien la zona, fue corriendo a avisar a una veterinaria que tenía su clínica muy cerca de allí. Cuando las dos salchichas vieron a la mujer con los chicos esperando en la costa, se escondieron.

La veterinaria metió las piernas en el agua en cuanto vio a la tortuga y la puso sobre la arena.

– Lo que me temía -dijo.

– ¿Está bien? -preguntó preocupada Lola.

– No -contestó-, aunque gracias a vosotros se ha salvado.

– ¿Qué es eso que tiene en la boca? -preguntó Juanita.

– Mirad -contestó la veterinaria mientras muy poco a poco iba sacándolo de la boca-. Es una bolsa. Hay mucha gente que tira basura al mar. Las pobres tortugas, cuando ven las bolsas flotando en el agua, creen que son medusas e intentan comérselas. Y mirad esto -dijo señalando a sus aletas-. Son los anillos de plástico en los que se ponen las latas de refrescos. Si no las reciclamos, los animales corren peligro de quedarse enganchados a ellas. Esta tortuga ha sido muy afortunada al encontraros.

Cuando la veterinaria se aseguró de que la tortuga estaba bien dijo a los chicos que la devolvieran al mar. La cogieron entre los cuatro, satisfechos por lo que habían hecho. Era un animal precioso. La dejaron con cuidado en el agua y, en cuanto la soltaron, la tortuga pudo nadar sin problema.

Al llegar a casa, contaron lo que había pasado a sus padres, quienes aplaudieron lo que habían hecho. Después fueron a una de las habitaciones.

– Me parece fatal que se tiren cosas al mar -dijo a sus amigos Lola-. Nosotros nunca lo haremos. A partir de hoy, vamos a reciclar todo lo que se pueda volver a usar. ¿Qué os parece?

– Estoy de acuerdo -respondió Neno.

– Escuchad -Juanita llamó la atención de todos-. Desde que conocimos a Salchicha Woman hemos vivido un montón de aventuras y hemos ayudado a personas y animales. Creo que va siendo hora de que la pandilla tenga un nombre.

Pensaron unos minutos y dieron muchas ideas. Finalmente, Salchicha Woman dijo el nombre más raro de todos, pero que sin embargo gustó a todo el grupo. Era simple, divertido y resumía el nuevo compromiso de los chicos por cuidar del planeta.

– Lo tengo -susurró Salchicha Woman levantando el vuelo-. Desde hoy seremos…

LA PANDILLA DE LA LECHUGA VERDE

… aunque esa ya es otra historia.

 

 

Nuestro pequeño herbario

Hemos aprovechado el buen tiempo para salir al patio a ver qué tipos de plantas tenemos en el colegio. Hemos aprendido a distinguir entre árboles, arbustos y hierbas. Además, nos han acompañado unas cuantas abejas, lo que hemos aprovechado para explicar lo importantes que son en la polinización. Después, en clase, hemos hecho nuestro herbario. El respeto por la naturaleza es vital y tenemos que conocer sus peculiaridades desde pequeños.