El perrito caliente parlante

¡Por fin llegó el día! Ya tenemos en nuestras manos la versión impresa de nuestro libro, aunque aún no lo llevaremos a casa. Me siento tremendamente orgulloso de todos y cada uno de mis alumnos y alumnas. De ellos salieron todas las ideas de “El perrito caliente parlante”. Sus caras cuando lo han visto han reflejado una emoción sin límites. ¡Enhorabuena, chicos!

Plickers

Una de las formas más atractivas para evaluar con las que me he topado que tuve la suerte de descubrir en una jornada de formación que tuvimos la semana pasada dirigida por una madre del cole, Juani.

Hoy hemos trabajado una lectura en el apadrinamiento lector. Después hemos repartido los Plickers (una especie de códigos QR). Cada alumno tiene un código asignado según su número de lista.

En la pizarra digital van apareciendo una serie de preguntas de tipo test con cuatro respuestas sobre la lectura.

Según la orientación con la que levantemos nuestra tarjeta, estaremos contestando A, B, C, o D (la letra correcta debe quedar arriba).

Después, con la aplicación del móvil del profe, se enfoca a los códigos y en unos segundos van apareciendo en la pizarra los alumnos que han contestado. En el móvil, el profe sabe directamente qué alumnos han contestado correctamente sin tener que hacerlo público.

Una forma divertidísima de evaluar a los alumnos que podemos aplicar a cualquier área.

Una gran inversión

Pocas cosas se me ocurren que desarrollen más la imaginación y creatividad que las artes escritas y plásticas: leer, escribir, dibujar, escuchar o tocar música…

María ha querido compartir con nosotros un fragmento del libro que está escribiendo. Aún no lo ha acabado, pero nos ha dicho que lo quería traer ya porque después ya será muy largo.

¡Estamos deseando que lo acabe para leerlo entero!

El perrito caliente parlante (capítulo 11)

Desde que los amigos de la pandilla ayudaron a apagar el incendio del supermercado, no había pasado ni un día en el que no se hablara del tema en clase. Al fin y al cabo, no en todos los colegios había un grupo de héroes tan jóvenes. Mientras tanto, las familias de Pedrito y Lola, Neno y Juanita habían estado hablando sobre hacer un pequeño viaje juntos. Los chicos se lo habían dicho a Salchicha Woman y a Bratwurst. Los padres seguían sin saber nada sobre la existencia de las dos salchichas. La única vez en la que intentaron decírselo fue cuando a Salchicha Woman le dio un terrible dolor de espalda e intentaron que el padre de Lola y Pedrito “Cabezón” la ayudara, pero no les creyó.

– Me parece buena idea – dijo la madre de Pedrito mientras hablaba con otra de las familias por teléfono-. Además ese puente es largo y los chicos pueden disfrutar más tiempo juntos.

– ¿Ya sabéis cuándo nos vamos? -preguntó Lola a su madre cuando colgó, que estaba nerviosa desde hacía días.

– Nos vamos a la playa. Sabemos que aún hace frío y no nos podemos bañar, pero nos vendrá bien cambiar de aires. Iremos el fin de semana que viene.

En cuanto lo supo, Lola fue corriendo a avisar a su hermano y a las dos salchichas. Salchicha Woman se puso contentísima. Nunca había visto el mar. Sólo lo conocía por lo que su tío Fideo le había contado.

Esa semana pasó muy lenta. Cuando tenemos muchas ganas de que llegue un momento esperado, el tiempo parece ir más despacio. El viernes por la mañana, a la hora del recreo, los cuatro niños estuvieron hablando sobre qué llevarse para jugar, aunque estando juntos no necesitarían nada más.

Salieron de clase y cuando terminaron de comer subieron al coche.

– ¡Playa! -gritaba Neno, que llevaba dos noches sin dormir por los nervios.

En un par de horas habían llegado.

– Chicos, ayudad a deshacer las maletas -pidió el padre de Juanita al resto-. Cuando terminéis, podéis ir a dar un paseo por la playa, pero no os alejéis mucho. Sólo hasta el faro.

Juanita conocía muy bien el paseo marítimo. Veraneaban allí desde que ella recordaba. Terminaron de ordenar la ropa y cuando acabaron preguntaron si podían ayudar a hacer algo más. Como no había nada, fueron a dar su paseo.

– Tened cuidado y no paséis del faro -recordó el padre de Juanita.

Estuvieron un rato andando y hablando de cosas del cole y recordando riéndose el día en el que Osiris empujó a su dueña quedándose patas arriba. Desde que Osiris era la mascota de la pandilla habían ido a verla todas las tardes. Se la habían llevado con ellos a la playa. A su dueña no le importó y dijo que seguro que le vendría bien respirar el aire del mar. Sin embargo, desde que Osiris vio el agua de la playa, los chicos la notaban nerviosa.

– Creo que no le gusta el agua -dijo Pedrito-. A lo mejor piensa que la vamos a bañar. O quizá se acuerda del día del supermercado, cuando quedó empapada.

Salchicha Woman dijo a la pandilla que como nunca había visto el mar, iba a volar un rato sobre el agua. Estaba emocionada.

– Debe ser una pasada ver el agua desde arriba -comentó Neno-. Ojalá pudiéramos volar nosotros.

Al cabo de unos minutos, vieron cómo Salchicha Woman volaba a toda velocidad hacia ellos. En cuanto aterrizó sobre el hombro de Pedrito supieron que no traía buenas noticias.

– Chicos, algo malo le pasa a una tortuga -gritaba Salchicha Woman agitada.- La he visto lejos de la costa. Creo que tiene algo enredado entre sus aletas y he visto una cosa muy extraña en su boca.

– ¡Tenemos que ayudarla! -gritó Lola.

– Pero, ¿cómo? -preguntaba Juanita mientras miraba hacia el mar buscando la tortuga-. El agua está helada. No podemos ir nadando.

– Creo que lo tengo -observó pensativo Bratwurst, que se asomaba por el bolsillo de la camisa de Neno-. Usaré mis poderes camaleónicos. Intentaré cambiar mi color por el de la tortuga e iré nadando hasta ella para llevarla hasta la costa. Una vez aquí la podréis ayudar.

Llevaron a Bratwurst hasta la playa y la echaron al agua. Una vez dentro se movía como si fuera un pez. Fue siguiendo a Salchicha Woman, que iba volando buscando a la tortuga. Al llegar hasta ella, Bratwurst cambió su color. La tortuga, creyendo que la salchicha era alguien igual que ella, comenzó a seguirla, aunque con mucha dificultad. Apenas podía nadar y lo que tenía en la boca parecía ser muy incómodo para ella.

Mientras las salchichas se encargaban de rescatar a la tortuga, Juanita, que conocía muy bien la zona, fue corriendo a avisar a una veterinaria que tenía su clínica muy cerca de allí. Cuando las dos salchichas vieron a la mujer con los chicos esperando en la costa, se escondieron.

La veterinaria metió las piernas en el agua en cuanto vio a la tortuga y la puso sobre la arena.

– Lo que me temía -dijo.

– ¿Está bien? -preguntó preocupada Lola.

– No -contestó-, aunque gracias a vosotros se ha salvado.

– ¿Qué es eso que tiene en la boca? -preguntó Juanita.

– Mirad -contestó la veterinaria mientras muy poco a poco iba sacándolo de la boca-. Es una bolsa. Hay mucha gente que tira basura al mar. Las pobres tortugas, cuando ven las bolsas flotando en el agua, creen que son medusas e intentan comérselas. Y mirad esto -dijo señalando a sus aletas-. Son los anillos de plástico en los que se ponen las latas de refrescos. Si no las reciclamos, los animales corren peligro de quedarse enganchados a ellas. Esta tortuga ha sido muy afortunada al encontraros.

Cuando la veterinaria se aseguró de que la tortuga estaba bien dijo a los chicos que la devolvieran al mar. La cogieron entre los cuatro, satisfechos por lo que habían hecho. Era un animal precioso. La dejaron con cuidado en el agua y, en cuanto la soltaron, la tortuga pudo nadar sin problema.

Al llegar a casa, contaron lo que había pasado a sus padres, quienes aplaudieron lo que habían hecho. Después fueron a una de las habitaciones.

– Me parece fatal que se tiren cosas al mar -dijo a sus amigos Lola-. Nosotros nunca lo haremos. A partir de hoy, vamos a reciclar todo lo que se pueda volver a usar. ¿Qué os parece?

– Estoy de acuerdo -respondió Neno.

– Escuchad -Juanita llamó la atención de todos-. Desde que conocimos a Salchicha Woman hemos vivido un montón de aventuras y hemos ayudado a personas y animales. Creo que va siendo hora de que la pandilla tenga un nombre.

Pensaron unos minutos y dieron muchas ideas. Finalmente, Salchicha Woman dijo el nombre más raro de todos, pero que sin embargo gustó a todo el grupo. Era simple, divertido y resumía el nuevo compromiso de los chicos por cuidar del planeta.

– Lo tengo -susurró Salchicha Woman levantando el vuelo-. Desde hoy seremos…

LA PANDILLA DE LA LECHUGA VERDE

… aunque esa ya es otra historia.