La patrulla de la lechuga verde: Capítulo 4

(…) – Me llamo Salchicha Woman. Mis amigos se han quedado encerrados en esa cabaña y no pueden salir. Sus padres están en la casa rural que hay junto al río ¿Nos podría ayudar?

La señora permaneció inmóvil, extrañada. Pasaron unos segundos hasta que reaccionó. Todos escucharon muy atentos sus palabras:

– ¿Qué es lo que puedes encontrar una vez en un minuto,

dos veces en un momento

y ni una vez en cien años?

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– ¿Cómo? -Salchicha Woman estaba extrañada.

La misteriosa mujer repitió las palabras, esta vez de forma más pausada para que se le entendiera bien.

– ¿Qué es lo que puedes encontrar una vez en un minuto,

dos veces en un momento

y ni una vez en cien años?

Salchicha Woman intentó retener el acertijo y volvió a la cabaña. Cuando llegó, los niños y Bratwurst hablaban acerca de lo que había dicho. Todos estaban muy confundidos. Estaba claro que si querían salir de allí tendrían que dar con la solución. Pero, ¿qué solución?

– Es una adivinanza -dijo Lola-. Mis padres son buenísimos acertando adivinanzas, pero ahora estamos solos. A ver, pensad. Podría ser un juego de palabras. A lo mejor si juntamos o separamos alguna…

– Un minuto tiene sesenta segundos -quiso zanjar Neno-. Cien años son… -intentó calcular cuántos segundos tendrían cien años, pero se bloqueó.

– Aunque lo calculemos, ¿cuántos segundos tiene un momento? – Juanita preguntó-. No puede ir por ahí. Lola lleva razón. Pensemos en las palabras.

Pasaron algunos minutos. Los niños paseaban por la cabaña de un lado al otro, mirando hacia el suelo, algunos con las manos cruzadas sobre la espalda, intentando dar con la solución.

De repente Lola tuvo una idea.

– Pandilla, creo que la solución está en tres palabras: minuto, momento y años. La adivinanza dice “una vez, minuto; dos veces, momento; ninguna vez, años”.

– Una vez, minuto. Dos veces momento – Juanita repetía susurrando las palabras.

– ¡Las letras! ¡No son las palabras, sino las letras! – Lola estaba eufórica mientras Pedrito, su hermano, la miraba como si fuera un bicho raro-. ¡Claro! Pensad en las letras: minuto tiene una, momento tiene dos y años ninguna. ¡Es la letra “m”!

Pedrito y Juanita necesitaron unos segundos para entenderlo, pero las dos salchichas y Neno lo captaron rápidamente.

– ¡Genial, Lola! -exclamó Juanita mientras la abrazaba.

– De verdad te digo que a veces no sé cómo podemos ser hermanos -Pedrito estaba alucinado.

Salchicha Woman volvió a volar a través de la ventana y se quedó de nuevo levitando frente a la mujer. Estaba casi segura de que la solución era correcta, aunque aún tenía dudas.

– Creo que tenemos la respuesta.

La mujer paró de andar y miró a la salchicha. No dijo nada.

– La respuesta es la letra M.

La mujer, pensativa, asintió con una pequeña sonrisa. Sin embargo, ninguno de los niños celebró haber acertado. Nada les aseguraba que fueran a salir de allí.

– Muy bien -respondió finalmente la extraña mujer-. Habéis acertado. Sabía que sabríais la respuesta. Ahora podéis salir de la cabaña.

– ¿Nos da entonces la llave? – gritó Juanita desde la cabaña-.

– ¿La llave? Yo no la tengo -rió la mujer-. La habéis tenido vosotros desde el principio. Buscad en vuestros bolsillos.

Era imposible que eso fuera verdad. Por muy rara que fuera esa mujer, no podrían tener una llave en los bolsillos. Todo era tan extraño… La pandilla, a excepción de Salchicha Woman y Bratwurst, comenzaron a buscar en sus bolsillos. El primero en hablar fue Pedrito. Estaba blanco como la leche.

– ¡Mirad! ¡La tengo yo! Pero, ¿cómo?

Sacó de su bolsillo izquierdo una pequeña llave oxidada. Todos estaban boquiabiertos, todos menos Lola. Mientras la pandilla celebraba el triunfo, ella fruncía el ceño, desconfiada. Había algo raro y muy poco probable en todo aquello. Sin embargo no dijo nada.

Pedrito metió la llave en la cerradura y abrió la puerta. Miraron a la mujer, quien sonreía de forma amistosa, lo que dio confianza a la pandilla para bajar. Una vez en el suelo, no quisieron despegar la mirada del suelo. Quisieron escapar rápidamente para llegar cuanto antes a la casa para contar a sus padres lo que había pasado. Sin embargo, antes de que el último bajara del árbol, la mujer paró en seco la huida.

– ¡Esperad!

Los chicos y chicas se pararon en seco. Habían conseguido la llave de la cabaña y pudieron bajar. ¿Qué quería la mujer ahora?

– Lo habéis hecho muy bien. Habéis trabajado juntos, en equipo, y gracias a ello habéis dado rápidamente con la solución. Ahora, idos si queréis. Yo no lo impediré. Pero también tenéis otra opción. Esperad un minuto más y decidid si queréis vivir una nueva aventura.

– ¡Nueva aventura! ¡Nueva aventura! -gritaba Pedrito mientras Lola lo miraba negando con la cabeza, como dando algo por perdido.

La mujer siguió hablando.

– Volved a casa y descansad. Si mañana, después de desayunad, seguís pensando igual, id a la cascada del río a las 11. Allí habrá alguien esperando.

Sin decir ni una palabra más, soltó a Osiris suavemente en el suelo, dio media vuelta y se fue.

La pandilla volvió a casa. Encontraron a los padres y madres algo preocupados por ellos, pero no demasiado. Los niños contaron que habían estado jugando en una cabaña cerca de la casa, pero no hablaron de la mujer. Lola buscó a su madre para decirle que había vuelto, pero no la encontró hasta la hora de la cena.

Esa noche durmieron como si fueran unos bebés. Estaban agotados.

A la mañana siguiente desayunaron de todo, casi sin hablar. Leche, zumo, tostadas, fruta…

– Tenemos que irnos -dijo Neno señalando el reloj que había colgado sobre la pared de la cocina.

– ¿Tenéis que iros? -dijó el padre de Juanita extrañado.

– Me refiero a que podríamos irnos a jugar.

Todos se levantaron de la mesa, recogieron todos los platos y salieron de la casa después de dar un beso a sus padres.

El camino hasta la cascada era sencillo. Tardaron sólo unos minutos hasta que llegaron. Allí había alguien sentado sobre una roca. Era un hombre alto, con barba larga y un parche sobre el ojo derecho. Llevaba puesta lo que parecía una túnica negra sobre la espalda. Al ver a los niños al otro lado del río se levantó de la roca despacio, como si le costara trabajo. Miró a los niños con media sonrisa. Después de unos segundos en silencio dijo algo a la pandilla que los dejó helados.

– Hola a todos. Me alegra veros aquí. Habéis crecido mucho desde la última vez que os vi.

 

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Planning del capítulo:

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4 comentarios en “La patrulla de la lechuga verde: Capítulo 4

  1. Raquel Iborra

    Hemos leído éste capítulo en el coche, de vuelta de un viaje.
    Y ha sido chulisimo, porque es de noche y estamos muy interesados y con miedo….. Y qué misterio…. Quien será el hombre de la roca 🤔
    Bravo x la clase 👏👏👏👏👏

    Le gusta a 1 persona

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