La patrulla de la lechuga verde: Capítulo 1

– ¡Chicos, corred! ¡Vais a alucinar!

Lola avisaba a gritos al resto de la pandilla. La piscina era impresionante. A diferencia de la mayoría de piscinas azules, ésta era multicolor. Desde la superficie, se veían decenas de colores.

– ¡Guau! -exclamó Pedrito “Cabezón” mientras metía una mano en el agua para ver si estaba fría.

Unas semanas antes, cuando todos pasaron juntos unos días en la playa y salvaron a una tortuga, los padres de la patrulla estuvieron hablando de dónde iban a pasar las vacaciones de verano. Alguien propuso pasarlas juntos de nuevo en algún sitio. Para no ir de nuevo a la playa, decidieron buscar una casa en el campo. Así, los niños podrían disfrutar de la naturaleza sin tener que preocuparse de nada más que de disfrutar.

Los padres no tardaron mucho en encontrar la casa rural perfecta para todos en la Sierra de Cazorla. Tenía un huerto muy bien cuidado, dos plantas en la casa más un sótano. Además había una azotea enorme con un telescopio. Así podrían ver estrellas por la noche. En el salón, una televisión, aunque seguramente no la encenderían ningún día. Había tres dormitorios con camas grandes y otro con varias literas.

– Creo que nadie duda de dónde querrán dormir los niños.- dijo la madre de Lola.- Chicos y chicas, ¡venid a ver vuestra habitación! -gritó el padre de Juanita.

-¿Dónde estáis?

– ¡Qué bien vivimos! -reía la madre de Pedrito y Lola. – Todos descargando maletas y la pandilla ya se está bañando en la piscina.

Que la piscina fuera multicolor, como Bratwurst, sólo era una de las cosas alucinantes que tenía. También habían instalado un trampolín enorme. Podías dar el salto más grande del mundo. Pero eso no era todo. Había un botón junto a la escalera. Al pulsarlo, cientos de burbujas salían despedidas desde el suelo de la piscina.

– ¡Jacuzzi gratis! -gritaba Neno mientras todos reían a carcajadas.

Pasaron un primer día fantástico. Toda la tarde metidos en el agua saliendo sólo para comer algo. Después de cenar, subieron a la azotea y vieron el cielo estrellado. Nunca habían visto tantas juntas. Incluso se veía una gran mancha blanca de estrellas muy grande que en las grandes ciudades es imposible ver.

– Es la Vía Láctea -dijo la madre de Pedrito y Lola.

Permanecieron en silencio unos minutos, disfrutando de ese momento, mientras sólo se escuchaba a algún búho ululando.

Todos durmieron bien esa noche, aunque la pandilla tardó mucho. Estaban nerviosos por dormir juntos.

Ese día habían decidido ir a hacer una ruta de senderismo cerca de la casa. Llevarían unas cestas para hacer un picnic. Cuando terminaron de comer, pidieron a los padres permiso para dar un paseo por la zona.

– De acuerdo, pero no os alejéis -decidieron.

Mientras andaban, Salchicha Woman salió del bolsillo de Pedrito y comenzó a volar muy rápido.

– ¡Creía que no saldría nunca! -gritaba mientras daba grandes piruetas en el aire.

Bratwurst subió al hombro de Lola para disfrutar del paisaje. Mientras paseaban y sorteaban ramas secas y piedras, se escuchaban muchos pájaros cantar y el murmullo lejano de algún río. De repente, un ruido sobresaltó a todos.

– ¿Qué ha sido eso? -preguntó asustado Neno.

– Creo que viene de ahí -señaló tras unos arbustos Juanita.

Anduvieron unos pasos hacía el lugar del que venía el ruido y vieron algo moverse.

– ¡No! ¡No puede ser! -se quejó Lola al ver algo que no le gustó.

Al pasar los arbustos, vieron cómo un ciervo había quedado atrapado entre las ramas de un gran árbol. Sus astas estaban atascadas y apenas podía mover su cuerpo. Era el animal más bonito que habían visto nunca.

– ¿Qué hacemos? ¡Tenemos que ayudarlo! -se quejaba Juanita.

Al acercarse al animal empezó a moverse bruscamente en todas direcciones.

– ¡Parad! -gritó Salchicha Woman. – ¡Lo estáis asustando!

– Si intentamos escondernos… -sugirió Lola.

Intentaron ir por detrás sin que el animal los viera, pero era inevitable. Cuando veía que alguien se acercaba, se movía violentamente.

– ¡Intentad taparle los ojos! Una vez leí que hay que tapar los ojos de un animal herido para que no se ponga nervioso -Lola siempre leía mucho y por eso sabía un poco de todo.

Cubrieron la cabeza del ciervo con una chaqueta. Al principio dio grandes saltos intentando escapar, pero a los pocos segundos se tranquilizó. En ese momento, Pedrito trepó el árbol y cogió las grandes astas para intentar sacarlas.

– ¡No puedo! ¡Las ramas están muy secas!

– ¡Esperad! -ordenó Salchicha Woman mientras se iba volando.

En menos de un minuto estaba de vuelta con una aceitera bajo los brazos.

– ¡Pedrito, echa aceite sobre las ramas! -exclamó.

Al echar el aceite, Pedrito volvió a separar con las manos las ramas y el ciervo, dando un gran cabezazo, pudo salir. La chaqueta cayó al suelo y el ciervo pudo ver a sus salvadores. Asustado, corrió despavorido hacia otra dirección.

El corazón de la pandilla latía muy rápido por los nervios. Cuando recuperaron el aliento, se miraron los unos a los otros y, sin decir una sola palabra, sonrieron contentos. Estas vacaciones prometían ser inolvidables.

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Os dejo aquí el planning del capítulo. Un mapa con ideas que van teniendo los alumnos.

10 comentarios en “La patrulla de la lechuga verde: Capítulo 1

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