El perrito caliente parlante (capítulo 10)

(…) Fue ganando velocidad a medida que avanzaba por el pasillo. Cuando sólo quedaban un par de metros para alcanzar a la salchicha, saltó, pero se dio de bruces contra la cara de su dueña, que inevitablemente cayó al suelo con la mala fortuna de rodar hacia atrás quedando la espalda sobre el suelo y las piernas hacia arriba (…).

– ¿No es el gato más precioso que habéis visto nunca? -gritó la mujer, que continuaba tumbada en el suelo con las piernas apuntando al techo como una tortuga del revés, mientras Pedrito y el resto de la pandilla estaban petrificados, con la boca abierta, ante la escena más extraña que pudieran haber imaginado.

Osiris, que se había quedado quieta en mitad del pasillo miró a la pandilla y volvió la mirada a su dueña, que seguía pateando el aire. No dudó ni un instante en ir a socorrerla. Los chicos y la madre de Lola y Pedrito también entraron después de pedir permiso para ayudarla a ponerse de pie.

– Gracias a todos – respondió amablemente la señora-. Con tanto ajetreo me ha entrado algo de hambre. ¿Os apetece una taza de chocolate bien caliente?

No tardaron ni un segundo en sentarse en el salón, esperando ansiosos la deliciosa merienda. Cuando la sirvió, también puso algo de chocolate sin azúcar a Osiris.

– La primera vez que veo a un gato comiendo chocolate caliente – observó Juanita-, aunque también es la primera vez que veo un gato tan… – dudó un momento-, bonito.

Mientras la mujer contaba cosas de cuando tenía la misma edad que la pandilla, Osiris, que ya había terminado su merienda, se subió sobre las piernas de Pedrito para que le acariciara un rato. Neno, que miraba a la gata pensativo propuso que Osiris fuera la mascota de la pandilla. La primera impresión de Salchicha Woman fue de incredulidad. Al fin y al cabo había querido comérsela hacía un momento. Tras pensarlo unos segundos cambió de opinión. Formando parte del grupo de amigos no volvería a atacarle.

– Tenemos que irnos. Muchas gracias por el chocolate – sonrió la madre de los dos hermanos.

– ¿Podemos llevar a Osiris a dar un paseo? – pidió Lola.

– Por mí bien -respondió la madre-, pero tenemos que ir a comprar algunas cosas.

– Bueno, que se vaya, pero tened cuidado. Es un trasto -bromeó la dueña.

En el supermercado sonaba música navideña de fondo. Había una sección de mantecados y turrones en una mesa adornada con bolas de colores. Fueron todos juntos por los pasillos ayudando a hacer la compra. Neno llevaba a Osiris en brazos cuando empezó a ponerse nerviosa.

– Algo le pasa -Neno avisó al resto.

De repente, un olor muy fuerte, como a queso azul quemado, inundó el supermercado. Osiris empezó a arañar a Neno, como si quisiera subir a lo alto de su cabeza y dio un salto hacia el suelo. Empezó a morder el pantalón de Pedrito en dirección a la calle, intentando decirle algo. Salchicha Woman, que miraba extrañada, decidió salir del bolsillo de la camisa y subió volando hacia el techo de la tienda cuando vio un humo muy sospechoso. Voló hacia el foco para ver qué pasaba. Al comprobarlo, volvió rápidamente hasta los chicos gritando “¡fuego, fuego!”. La pandilla, que la escucho, no dudó en avisar a todos en la tienda.

– ¡Hay fuego! ¡Fuego! ¡Salid todos!

Los clientes y trabajadores del supermercado salieron alarmados mientras la jefa del establecimiento fue corriendo a por un extintor de incendios para apagarlo. Al rato, cuando se pasó el peligro, los rociadores automáticos (esos aparatos que hay en algunos techos que saben cuándo hay humo) empezaron a funcionar. Al caer el agua sobre Osiris salió despavorida hacia la calle.

– Y yo que creía antes que sólo era fea -dijo Juanita al ver a la gata empapada esperándolos en la calle.

La jefa del supermercado salió al rato para comprobar que todo el mundo estaba bien.

– Chicos, no tengo palabras para agradeceros lo que habéis hecho por mi negocio. Si no hubiera sido por vosotros, el local estaría ardiendo ahora mismo. Sé que lo que os voy a dar no es suficiente, pero en agradecimiento, regalaré la compra de un mes a vuestras familias.

Toda la pandilla saltó de alegría. De nuevo habían conseguido una gran hazaña.

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