El perrito caliente parlante (capítulo 9)

Los copos de nieve caían lentamente tras la ventana. Dentro de casa sonaba un villancico mientras dos gatos ronroneaban y acicalaban a una pequeña gatita que acababa de nacer. Cuando la pequeña abrió los ojos por primera vez vio a sus padres delante del fuego de una chimenea que calentaba el salón. Miró alrededor. Las luces intermitentes del árbol de Navidad iluminaban un rincón de la habitación. Entornó los ojos y se quedó dormida. Sus padres, dos gatos egipcios, se miraron complacidos, sintiendo que la pequeña gatita era lo más bonito que habían visto nunca. Le dieron más de mil besos mientras la limpiaban.

– Tendremos que pensar un nombre para ti -pensó en voz alta la dueña de los gatos.- Creo que lo tengo. Te llamarás Osiris.

Fueron unas Navidades perfectas para Osiris. Hacía bolas de nieve, jugaba con sus padres todo el día, pero sobre todo, daba zarpazos y perseguía a su juguete preferido, un ovillo de lana con el pasaba las horas sin aburrirse. En los ratos que quería descansar, se subía sobre el regazo de su dueña para que le acariciara por detrás de las orejas y le rascara la espalda. Una vida gatuna perfecta.

Todo se torció el día en el que salió al exterior por primera vez. Perseguía, como otras tantas veces, su ovillo de lana. Su dueña había salido a hablar con un vecino y había dejado la puerta abierta. Osiris salió a la calle y descubrió un mundo nuevo. Todo era diferente y le invadió una sensación desconocida. Entonces vio cómo algo que no reconocía corría hacia ella. Tenía las orejas muy largas, al igual que el cuerpo. Era más largo que alto, de color marrón y al correr, su hocico subía y bajaba mientras un montón de babas salían despedidas en todas direcciones. Osiris se quedó paralizada, mientras ese monstruo de cuatro patas le quitaba su juguete preferido y se alejaba moviendo rápidamente una cola ridícula a ambos lados.

Este percance le hizo ser más reservada y desconfiada, pero seguía pasando los días disfrutando de cada momento.

Pasaron los años y algo se volvió a cruzar en el camino de Osiris. Mientras daba un paseo cerca de casa, vio algo que le hizo recordar ese amargo momento. Algo alargado y marrón, muy parecido al ladrón de ovillos orejudo, pasó frente a ella con un grupo de niños y un montón de sentimientos que no gustaban a Osiris se apoderaron de ella, comenzando a correr tras la salchicha, lo que se convirtió en una persecución que acabó en la pared de una pista de patinaje sobre hielo.

Días después se volverían a encontrar en su propia casa.

_______

Pedrito “Cabezón” llamó al timbre. A los pocos segundos, una señora mayor abrió la puerta.

– Buenos días, pequeños -saludó sonriente la señora.

– Buenos días. Mis hijos y sus amigos han encontrado algo que creen que podría ser suyo.

– Hemos encontrado esto en el parque. Creemos que es de un perro -Juanita, que llevaba el collar, se lo dio a la mujer.

– ¡Sí es mío! Pero no es de un perro. Es de mi gatita preciosa. Esperad -se dio la vuelta para llamar a su mascota. – ¡Osiris! ¡Mira lo que estos niños tan buenos han traído!

Al fondo del pasillo apareció lentamente la cabeza del gato más feo que los niños habían visto nunca. Mientras se acercaba, Salchicha Woman y Bratwurst se asomaron por encima del bolsillo de Pedrito, en el que estaban escondidos. Osiris, que tenía una vista buenísima, la vio inmediatamente. Salchicha Woman empezó a sudar nerviosa mientras la gata la miraba fijamente y se acercaba mucho más rápido, con una mirada que parecía decir “Por fin. Ya eres mía”.

Fue ganando velocidad a medida que avanzaba por el pasillo. Cuando sólo quedaban un par de metros para alcanzar a la salchicha, saltó, pero se dio de bruces contra la cara de su dueña, que inevitablemente cayó al suelo con la mala fortuna de rodar hacia atrás quedando la espalda sobre el suelo y las piernas hacia arriba. Al escuchar el estruendo, Osiris volvió la vista hacia su dueña, que con las piernas mirando al techo y con luces navideñas adornando todas las paredes parecía un árbol navideño un tanto raro, pero que sin embargo hicieron que Osiris recuperara muchos recuerdos de cuando era un gatito pequeño. La rabia que sentía fue poco a poco desapareciendo y sintió cómo la calma y la alegría se apoderaban de su cuerpo. Al mirar de nuevo a la salchicha, que estaba aterrada, comprendió que aquel no era el mismo ser que años atrás le quitó su ovillo de lana, y que aunque lo fuera, aquello formaba parte del pasado y no valía la pena continuar recordándolo.

– ¿No es el gato más precioso que habéis visto nunca? -gritó la mujer, que continuaba tumbada en el suelo con las piernas apuntando al techo como una tortuga del revés, mientras Pedrito y el resto de la pandilla estaban petrificados, con la boca abierta, ante la escena más extraña que pudieran haber imaginado.

 

5 comentarios en “El perrito caliente parlante (capítulo 9)

  1. Cristina

    Hola profe,soy Sara,nos ha gustado mucho la historia de la gatita Osiris,porque ha nacido en Navidad como yo y tengo muchas ganas de tener una mascota.aunque bueno a mí mamá lo que más le ha gustado es imaginarse a la dueña de Osiris con las piernas pata arriba y las luces de Navidad al fondo,nos hemos reído mucho.hasta luego profe😊😄😊🙋

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    1. Rafa Aleman

      ¡Me encanta que escribas por aquí, Sara! Me gusta mucho que hayáis cambiado a Osiris. Creíamos que era una gata malvada y no era así. Un beso muy grande.

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