El perrito caliente parlante (capítulo 7)

(…)

Salchicha Woman enrolló su cuerpo alrededor de Bratwurst y los dos empezaron a volar. Pasaron por detrás del tendero sin que se diera cuenta. Al cruzar la puerta, el chorro de aire caliente de la calefacción cayó de lleno sobre la capa de tranchete de queso de Salchicha Woman y se derritió de golpe. Las dos salchichas cayeron en picado hacia el suelo, pero justo antes de caer Lola consiguió cogerlas en el aire.

– ¡Vámonos ya! -gritó Pedrito mientras dejaba la moneda sobre el mostrador.

Lola abrió la mano y sonrió al ver a las dos salchichas juntas. De nuevo, la pandilla crecía.

– Ya es hora de irnos a casa -señaló Lola. – Ha sido un día muy intenso.

De nuevo, los amigos se despidieron hasta el día siguiente.

La noche pasó sin sobresaltos. Nada extraño ocurrió, por raro que pudiera parecer. Al día siguiente, sábado, se despertaron temprano y mientras Pedrito “Cabezón” y Lola desayunaban, Salchicha Woman y Bratwurst se quedaron en la habitación hablando.

– Es alucinante que puedas volar -dijo pensativa la salchicha sin gluten.

– A lo mejor tú también puedes. Yo descubrí que volaba cuando me puse este tranchete sobre la espalda.

Mientras lo decía, colocaba el queso sobre la espalda de Bratwurst. En ese momento entraron en el dormitorio los dos hermanos.

– ¿Tú también vuelas? -quiso saber Pedrito.

– No. Parece que no.

Bratwurst se quitó la capa y se la devolvió a Salchicha Woman. En ese momento sonó el timbre de la casa y Pedrito fue corriendo a abrir la puerta. Cuando volvió, con él iban Neno y Juanita.

– ¿Qué hacéis? -preguntó Juanita.

Pedrito les contó que estaban poniendo la capa a Bratwurst para ver si también podía volar, pero que no había resultado.

– ¿Y dónde está? -volvió a preguntar Juanita.

– ¿El qué? ¿La capa?

– No. Estoy preguntando que dónde está Bratwurst.

– Aquí, justo a tu lado -la voz de Bratwurst venía del suelo, justo de debajo de donde estaban Neno y Juanita, pero inexplicablemente no la veían.

– ¿Dónde estás? ¡No podemos verte!

Bratwurst empezó a mover las manos con energía, pero no conseguía que la pandilla les viera. Cerró fuerte los ojos y de repente volvió a hacerse visible.

– ¡Guau! -exclamó Lola. -¿Cómo has hecho eso?

– No termino de controlarlo -respondió Bratwurst. – Desde hace meses me ocurre que cuando cierro fuerte los ojos soy capaz de camuflarme perfectamente, como los camaleones. Todo ocurrió el pasado verano. Yo iba paseando por un bosque y de repente un camaleón me atrapó con su larga y pegajosa lengua. Cuando iba a comerme, me escupió. Supongo que prefería las salchichas con gluten. El caso es que desde entonces, cuando cierro fuerte los ojos mi piel cambia de color según lo que tenga alrededor.

– ¡Alucinante! ¡Eso también es un superpoder! -dijo perplejo Pedrito.

Justo en ese momento, los chicos escucharon un fuerte grito a través de la ventana. Cuando se asomaron a ella, vieron a un niño llorando en el suelo mientras otro niño huía con una bicicleta.

– ¡Alguien le ha quitado la bici! -gritó Neno.

Lo que a continuación ocurrió pasó muy deprisa.

Salchicha Woman cogió en brazos a Bratwurst y salió volando por la ventana. Adelantó a la bicicleta y dejó a la salchicha en el suelo.

– ¡Camúflate! -le gritó.

Entonces volvió hacia donde estaba el niño que intentaba llevarse la bicicleta y comenzó a revolotear alrededor de su cabeza. El chico, alucinado, comenzó a mover sus manos intentando derribar a Salchicha Woman mientras intentaba mirar hacia al frente. En ese momento, Bratwurst, que había adquirido el mismo color del asfalto, consiguió enrollarse en los radios de la rueda delantera, con lo que inevitablemente el niño cayó al suelo.

– ¡Eh, tú! -Pedrito y el resto de la pandilla gritaban a la vez mientras llegaban corriendo.

Después de hablar un rato con el chico que se había llevado la bici, éste dijo que sólo la había cogido prestada, para gastar una broma y que nunca volvería a hacerlo.

El dueño de la bici les agradeció mucho que la hubieran recuperado y preguntó a la pandilla por el sitio en el que habían comprado esas salchichas tan molonas. Todos rieron.

Y así, juntos fueron a dar un paseo, orgullosos y satisfechos por haber hecho algo bueno y por haber logrado su primera hazaña en grupo, la primera de muchas hazañas más.

6 comentarios en “El perrito caliente parlante (capítulo 7)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s