El perrito caliente parlante (capítulo 6)

(…)

Cuando Pedrito, extrañado, miró hacia el mismo sitio, vio que Salchicha Woman miraba el escaparate de la charcutería del barrio. Dentro había una salchicha bajo un letrero en el que ponía “oferta de la semana”.

– ¿Qué ocurre? -preguntó Pedrito “Cabezón”. – ¿Por qué miras esa salchicha?

Salchicha Woman notó que su corazón se aceleraba y que un montón de mariposas parecía revolotear en su barriga. Suspiró y les dijo a sus dos amigos:

– No es una salchicha cualquiera. Es una salchicha sin gluten. Creo que me he enamorado. Tenemos que sacarla de ahí. Llama al resto de la pandilla. Vamos a rescatarla.

– ¿Y cómo llamamos a Juanita y Neno?

– Yo me encargo -contestó Salchicha Woman. – Esperadme aquí.

Rápidamente fue hasta la casa de Lola y Pedrito, se coló por debajo de la puerta y buscó su capa. Se la puso y se fue volando por la ventana, pero antes cogió una moneda de 2 euros que había sobre la mesita de noche de Pedrito. Veloz como un avión, encontró a Juanita y a Neno, que aún caminaban por la calle. Pocos minutos después estaba toda la pandilla frente a la charcutería.

Hablaron un rato sobre cómo rescatarían a la salchicha y entraron en la tienda. Todo su plan se fue al traste desde el principio. Salchicha Woman, que entró volando, se chocó con algo y cayó sobre el mostrador del charcutero, quien al ver la salchicha encima la cogió rápidamente, creyendo que era suya, y la colocó en el escaparate, justo al lado de la salchicha sin gluten.

Los cuatro amigos se pusieron muy nerviosos intentando explicarle que esa salchicha era suya, que venía volando y había tropezado, pero, como es lógico, el tendero no les creía. Pero la escena a la que nadie hacía caso ocurría en el otro extremo de la tienda, donde las dos salchichas cruzaban sus primeras palabras.

– Hola -dijo tímidamente nuestra protagonista.

– Hola -contesto algo triste la otra.

– Mi nombre es Salchicha Woman y he venido a rescatarte.

Tras unos segundos, la otra salchicha respondió.

– Yo soy Bratwurst, de Alemania -contestó la salchicha sin gluten.

Su voz era grave y profunda, música para los oídos de Salchicha Woman.

– Voy a sacarte de aquí ahora mismo. Confía en mí.

Salchicha Woman enrolló su cuerpo alrededor de Bratwurst y los dos empezaron a volar. Pasaron por detrás del tendero sin que se diera cuenta. Al cruzar la puerta, el chorro de aire caliente de la calefacción cayó de lleno sobre la capa de tranchete de queso de Salchicha Woman y se derritió de golpe. Las dos salchichas cayeron en picado hacia el suelo, pero justo antes de caer Lola consiguió cogerlas en el aire.

– ¡Vámonos ya! -gritó Pedrito mientras dejaba la moneda sobre el mostrador.

Lola abrió la mano y sonrió al ver a las dos salchichas juntas. De nuevo, la pandilla crecía.

 

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